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martes, 1 de febrero de 2011

GOLAZO DE URGENCIA


«Deja que lo saque yo. Tú quédate ahí». El equipo perdía y el reloj empezaba a ponerse preocupante. Tino Costa iba a la esquina a sacar el córner pero Banega anduvo listo y dio a su compañero de confidencias las instrucciones precisas. Banega acabó lanzando el córner para que Tino lo recogiera y acabara pegándole desde la frontal justo donde Toño no podía meter el guante. Golazo, empate y un susto menos en el cuerpo. El Valencia llegó a Santander dispuesto a atrapar un récord de esos que se recuerdan siempre con el paso de los años y un poco más y sale trasquilado.
No habría sido justo tampoco que el Racing se hubiera quedado con los tres puntos, pero han sido tantos los partidos que el Valencia ha ganado en los últimos instantes a base de más empuje que de fútbol que cuando acabó el partido se puede decir que todos respiraron tranquilos. Los de casa porque se pasaron toda la segunda parte con el miedo en el cuerpo y los valencianistas porque después del esfuerzo realizado, no valía la pena arriesgarse a una nueva pifia que pudiera acabar en desastre.
El punto es un botín escaso desde el punto de vista valencianista teniendo en cuenta lo que uno y otro equipo representan. El Real Madrid quiere la Liga y pierde en Pamplona. El Valencia busca la Champions y a punto está de pegarse un trompazo ante un equipo que huele a descenso por muchos millones que quiera meter el nuevo dueño del club. Lo negativo de este lunes futbolero es que al equipo de Emery se le torció la racha. Lo positivo, que al menos la fe continúa siendo uno de los argumentos más válidos que pueden darle el premio final a un equipo superior técnicamente que rivales como el de ayer pero que se dejó sorprender inocentemente. El 1-0 fue todo un ejemplo de lo que no puede pasar.
Control aparente
Además, lo que no se puede consentir es que se repita un guión como el exhibido en la primera parte. A Emery le dio ayer por jugar con un punta de salida y acabó haciéndolo con dos y sin extremos. El control, en aperiencia, era valencianista pero a una velocidad tan lenta como previsible. Lo curioso es que el mejor Valencia se vio en la segunda parte, cuando al Racing le empezó a faltar la gasolina y cuando los cambios de Unai dieron un nuevo aire al equipo. Banega, Tino y Chori formaron una asociación interesante y se vio un talante añorado en el primer tiempo.
Fue en ese arranque cuando más crédito se le dio al Racing. Sin muchos argumentos serios que ofrecer, el equipo cántabro sacó petróleo de una acción en la que los defensas pecaron de pardillos. Salieron sin control en un despeje de córner y permitieron al insistente Ariel que rematase de cabeza ante Guaita sin oposición alguna. Ali Syed, el nuevo dueño racinguista, aplaudía en el palco sin saber muy bien lo que había pasado. Llorente, dos asientos a su derecha, tragaba como podía el humo de la euforia de los puros de Pernía y de Revilla. La noche se ponía cuesta arriba porque el Valencia no hacía daño ni por el centro ni por las bandas.
Por eso Emery decidió cortar por lo sano. Fuera los extremos. De un plumazo se cargó a Joaquín y a Pablo y lo que parecía que podía perjudicar a la hora de buscar mayor profundidad, salió de categoría. El Valencia llenó de gente el carril central pero lo hizo de forma inteligente. Además, metió más velocidad y ahí empezó a fraguarse la mejoría.
Cierto es que Adrián tuvo un cara a cara con Guaita, de esos que siempre suele fallar Rosenberg (lleva desperdiciados 17 uno contra uno) pero del posiblel 2-0 se pasó después a un empate más que merecido. Chori jugó muy enchufado, Banega y Tino empezaron a moverse y a buscarse, y aunque es verdad que por las bandas no se insistió lo necesario, fue suficiente para echar al Racing a retaguardia.
Aduriz pudo haber hecho el empate a los pocos instantes de empezar este segundo acto pero tuvo que aparecer la bota izquierda de Tino para hacer otro de sus grandes goles y evitar un descalabro.

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