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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Objetivo: Recuperar Mestalla


El Valencia ha visto descender el número de abonados de 46.000 a 35.000 en sólo cuatro años - Se achaca la brusca caída a las consecuencias de la crisis económica, extensible al resto de estadios, y en menor medida a la abundancia de oferta televisiva y variabilidad de los horarios - El club ofrece la financiación de los pagos y la campaña «puerta a puerta»

VICENT

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que para sacarse un carnet de socio nuevo del Valencia era casi aconsejable recurrir a alguna amistad dentro del club que facilitase unos trámites casi imposibles o dormir a la intemperie en las taquillas. La afición renovaba su abono con tal fe religiosa que la cuota mínima que el club debía habilitar para la venta de entradas dejaba un estrechísimo margen de pases para lograr el objetivo. Solo al alcance de unas pocas docenas de aficionados.
Hoy es mucho más sencillo ser socio del Valencia. En cuatro años, el club ha perdido once mil socios. Del tope de 46.000 se ha pasado a poco menos de 35.000, en una pronunciada caída que tiene en la crisis económica a su principal protagonista y que ha puesto al club en alerta para detener una sangría imparable. No se registraban unas cifras similares desde la temporada 93-94, pero en un contexto muy distinto. Aquel Valencia, tras el catártico descenso a Segunda en 1986, estaba en plena expansión social, de regreso a Europa y seducido por los delirios de grandeza del roigismo, que no reportaron títulos pero triplicaron el número de peñas y la comarcalización del club.
Ahora, la situación es de decadencia. Para recuperar Mestalla, un estadio que desde mediados de los 90 hizo hecho gala de un lleno perpetuo, el club ha congelado el precio de los abonos, ha incluido en el mismo la opción de los partidos de Liga de Campeones —la asistencia a la máxima competición había pinchado en cursos anteriores—, se ha financiado la adquisición del abono en nueve meses sin intereses, se ha iniciado una agresiva campaña «puerta a puerta» para rescatar a antiguos socios y se ha recuperado el clásico pase infantil, con un 50 % de descuento. Unas medidas que, según los cálculos oficiales, han hecho que el club deje de ingresar entre 3 y 4 millones de euros en esa partida. Para acentuar la proximidad del club con su masa social, las presentaciones de los nuevos jugadores se han repartido por decenas de localidades de la Comunitat Valenciana.
El diagnóstico es lo más parecido a una ecuación sociológica en la que, según responden fuentes del club a Levante-EMV, la principal causa es la «devastadora crisis económica» que se ha cebado en el fútbol con una intensidad similar a la de otras actividades de ocio, como el cine, cuyo consumo ha descendido en un 35 %. Esas mismas serían las primeras conclusiones, la falta de liquidez económica, que los comerciales de la entidad han recabado entre los exabonados en los primeros días de campaña «puerta a puerta».
Un indicador aporta tranquilidad en las oficinas de Micer Mascó, para valorar que la militancia por el Valencia no se extingue, sino más bien hiberna a la espera de que mejore el panorama financiero: «Ha habido un aumento considerable de la compra de entradas sueltas», se afirma desde el club, lo cual demostraría que el aficionado no renunciaría a ir a Mestalla, pero la coyuntura de la dificultad de generar ahorro en la economía doméstica, le obliga a ser más selectivo a la hora de consumir.
En juego entran otros factores, como los efectos de la política de austeridad a la que el club se ha visto abocado desde que en 2009 desembarcara en la presidencia el tecnócrata Manuel Llorente con la misión de rescatar a una sociedad amenazada por la causa de disolución, con una deuda que ha pasado de los 550 millones a los 368 actuales. Una rebaja considerable justificada en parte por la venta de los mejores activos de la plantilla: David Villa, David Silva, Juan Mata y Jordi Alba. Un aspecto que fuentes del club minimizan, al asegurar que la afición ha mostrado una «comprensión ejemplar» ante las «necesarias» ventas, sin recurrir a cambio a golpes de efecto como los del Atlético, que sustituyó a un jugador franquicia como el Kun Agüero por otro de talla mundial como Falcao y ha mantenido inalterable entre sus aficionados el intangible de la «ilusión».
Otros aspectos colaterales, como la abundancia de partidos televisados y la variabilidad de los horarios, son más considerados. La estructura clásica de los partidos nocturnos de los sábados y de los domingos a las 17 horas se ha ensanchado, y afecta a la planificación del aficionado. Por otro lado, a diferencia de otros países, en los que el pago por visión es un producto más exclusivo, por el precio de una entrada un hincha puede ver los partidos de su equipo en televisión por un mes. La televisión ha cambiado las costumbres de muchos aficionados, sobre todo de aquellos con una media de edad más avanzada. La televisión aparece como gran solución a las arcas pero también como un silencioso problema. Es la principal fuente de financiación —para el Valencia representa el 57 % de los 117 millones de euros que ingresa por año, según el último informe de la consultora Deloitte—, pero al mismo tiempo hipoteca el futuro, con la progresiva disminución en la asistencia. Por ese motivo, se antoja difícil que clubes con tanta dependencia económica televisiva como el Valencia levanten la voz.
Bundesliga, modelo sin réplica
El mal del Valencia es extensible a la mayoría de clubes españoles. En el último lustro, la Liga ha bajado diez puntos, hasta un 71,6 %, la asistencia a los estadios. Contrasta con dos modelos de negocio triunfadores, como el de la Premier League (90’8 % de asistencia) y sobre todo de la Bundesliga, que ha subido la afluencia del 80’2 % al 92’2 actual. Los dos campeonatos reinventaron su modelo superando dos graves crisis: el drama de la violencia «hooligan» y la quiebra de la multinacional televisiva Kirch.
Alemania, uno de los países que menos se ha resentido con la crisis, y cuyos aficionados al fútbol mantienen un nivel adquisitivo medio-alto, ofrece los precios de las entradas más asequibles entre todas las grandes ligas europeas. Esta circunstancia se debe a la capacidad del fútbol germano de explotar la mercadotecnia como el principal recurso de ingresos de sus clubes. Las grandes compañías europeas tienen su sede en Alemania y, en los días de partido, se ofrece un sinfín de posibilidades lúdicas y de ocio para los aficionados en sus estadios, con la moderna infraestructura heredada del Mundial 2006. Una base que es imposible de exportar a la Liga, ya que, además, el torneo español no ofrece la igualdad competitiva alemana: frente a la dualidad Madrid-Barça, cinco equipos distintos —Bayern de Múnich, Borussia Dortmund, Werder Bremen, Wolfsburgo y Stuttgart— han conquistado la Bundesliga. El último equipo que rompió el binomio en España fue el Valencia. En 2004, en un Mestalla que siempre se llenaba.
Una base «de 60.000 socios» en el nuevo estadio
El Valencia estudia adaptar «un relevo generacional» en Mestalla, ante el emergente protagonismo de los aficionados más jóvenes. Por ese motivo está previsto ampliar la Grada Jove, estrenada con éxito este año y que ha llenado sin dificultades los 1.500 asientos disponibles para este curso, en la numerada descubierta del fondo sur.
Con ese panorama, la inauguración a medio plazo del nuevo estadio supone todo un desafío. Solo con el club estabilizara la caída de socios actual, el Nuevo Mestalla ofrecería una pobre media entrada. Sin embargo, el Valencia contempla la finalización del nuevo estadio como una ocasión única de revertir la actual decadencia social. Se confía en el «tirón» de la novedad del estreno del nuevo recinto para que, junto a unos precios económicos y el atractivo de ver el fútbol en un estadio moderno frente a las incomodidades evidentes que presenta el viejo Mestalla, disparar la media de socios a corto plazo hasta los «55.000 ó 60.000 abonados», según se informa desde el club. El mayor reto sería que, una vez superada la euforia inicial, fidelizar esa cifra de abonados. Cabe recordar que el Nuevo Mestalla tiene una capacidad prevista de 70.000 espectadores. El Valencia confirmó a Levante-EMV que ya trabaja desde hace meses «en un plan para abonados» en la transición al nuevo estadio.
Dos son los factores de los que depende el éxito de las previsiones valencianistas: que mejore la crítica coyuntura socio-económica y que el equipo mantenga el pulso competitivo de los últimos años. Todo ello sin olvidar que la reanudación de las obras del nuevo estadio, paradas desde 2009, no tienen una fecha fijada para retomarse. El acuerdo alcanzado en diciembre de 2011 con Bankia, que absorbía la deuda bancaria a cambio de quedarse con el suelo del actual estadio y que financiaba la finalización de los trabajos, está a expensas del rescate económico de la propia entidad bancaria.

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