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#YoEstoyConelMestalla

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Toda una liberación

En Mestalla se jugaron dos partidos. Uno sobre el césped y otro en las gradas. ¡Vaya con la afición del Glasgow! Cinco mil aficionados silenciaron, inicialmente, a los veinticinco mil del Valencia, pero los goles de Soldado enmudecieron a los escoceses. Y es que los ánimos de unos y otros eran bien diferentes. Los escoces estaban entregados —para eso habían viajado—, a los valencianistas había que reconquistarlos. Y se no tó. Desde el primer minuto, los escoceses se desgañitaron mientras los valencianistas, asombrados por la desértica imagen de las gradas, esperaban expectantes a ver cómo salía su equipo. ¿«Empanao»? Anoche no. La pancarta que se exhibió en la grada sur: «Esperit blanc i negre», espoleó a los valencianistas, que desde el arranque estuvieron animosos.
Dos lanzamientos de Mata y sendas paradas de McGregor sirvieron para que Mestalla olvidara, dejara el bocadillo para el descanso y se vistiera de jugador. El equipo necesitaba el aliento de la grada y ésta, a la mínima que el equipo le hizo creer en él, se entregó. Y lo hizo sin pedir nada a cambio, aunque el Valencia, agradecido, ofreció ante un auténtico frontón lo mejor de su repertorio. Así sí. Y, entre cántico y cántico, Mestalla vivió el gol de Soldado como una liberación. Los suspiros de los aficionados simbolizaban la liberación de toda la presión acumulada; el abrazo de los jugadores, una inyección de moral. El objetivo, por predisposición, actitud y empeño, estaba más cerca.
En el descanso, más de un aficionado se frotaba los ojos —y no por el mal estado del césped—. ¿El Valencia de anoche era el mismo que el del sábado contra el Zaragoza? Sobre el papel sí, pero en la práctica no. Ni una sola semejanza —aunque el sistema con el que jugaba el Rangers era similar al de Gay—. El de anoche fue un grupo solidario y ambicioso que, con un gol en el marcador, buscó el segundo y no frenó en su empeño. Y Soldado lo consiguió. Cierto es que la Liga de Campeones es un escaparate que actúa como revulsivo para cualquiera, pero, sea por lo que sea, el Valencia recuperó las sensaciones perdidas y la confianza que se dejó en el Camp Nou. Y Mestalla, el disfrutar con su equipo.
¿De Emery? El técnico, como siempre, se hartó de gesticular en la zona pegada al banquillo y dar órdenes a los suyos. Y, como ocurre cuando el equipo gana, no escuchó ni un solo reproche. El vasco ya sabe lo que es dirigir a un equipo que gana un partido de Li ga de Campeones. En Bursa lo vio y celebró desde la grada.
El técnico, los jugadores y la grada consiguieron alargar las expectativas de pasar a octavos. Y Llorente, con hacer más caja.


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