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lunes, 19 de agosto de 2013

El bálsamo de fierabrás

AL PRINCIPIO DE LA SEMANA



Lo realmente maravilloso de este mundo del fútbol es cómo somos capaces de complicar algo que es tremendamente sencillo. El Valencia ganó al Málaga, sin brillantez, pero sin agobios y, de un plumazo, se esfumaron todos los fantasmas de la canícula. La máxima es aplastante: “Ganar es bueno, perder o empatar en casa es malo”. Así de simple, así de rotundo.
A modo de bálsamo de fierabrás que todo lo cura, el gol de Ricardo Costa dio carpetazo a todos los problemas de la pretemporada.  La sequía está ahí, la falta de claridad arriba también, pero con tres puntos en el zurrón, todo sabe mejor. Todos recuperan el crédito, desde el entrenador a algunos jugadores que empiezan cuestionados la temporada. Y como ganar lo tapa casi todo, en vez de pensar dónde están los delanteros, si Feghouli carbura o lo qué va a pasar con Guaita, preferimos disfrutar y comentar cómo juegan los chavales –Míchel, Bernat y Cartabia- o paladeamos el desempeño de Javi Fuego.
Los del vulgo, los de la grada, quieren ir a Mestalla a no sufrir, a disfrutar si se puede, pero sobre todo, a ver ganar al Valencia. Por eso, la cantada de Caballero hace que el  respetable se olvide Bankias, ventas de Cissokho y demás rollos macabeos… Al menos, de momento.
Ojo, conviene no olvidar que el aficionado no es ciego y sabe que ese carpetazo no es ni mucho menos definitivo. Es tan efectivo como efímero, y dura exactamente una semana. Hasta el próximo encuentro, para ser más exactos. Porque el bálsamo de fierabrás, que a Don Quijote le cura, pero que a Sancho le produce un efecto laxante, puede ser una bomba si no se digiere bien. El bálsamo malentendido, o lo que es lo mismo, confiarse ahora; no ser conscientes de que el equipo está en su fase más incipiente de formación; o pensar que no es urgente un delantero más, podrían ser errores capitales en el nacimiento del Valencia Salvo-Djukic.
El Valencia-Málaga fue una noche que tuvo sudores fríos (el cabezazo de Angeleri) y vómitos (cuando Seba no llega a rematar), pero al despertarnos, y ahora que estamos al principio de la semana, nos sentimos curados como le sucedió al ingenioso hidalgo. Que el alivio sea definitivo dependerá de las próximas decisiones y de los resultados. Y, aunque en mi pueblo dicen que: “para aprender, perder”. Yo les aseguro que, si además de aprender, ganas... pues mejor que mejor.

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