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martes, 1 de octubre de 2013

«En el vestuario del Valencia no veo a nadie que pueda pegar un grito y haga que reaccione el resto»

Mario Alberto Kempes Exjugador y embajador del Valencia



JUAN CARLOS VALLDECABRES | VALENCIA..-

El Matador se marchará hoy de Valencia con su cargo de embajador bajo el brazo. Mario Alberto Kempes estrena a los 59 años un nuevo rol en el club con el que holló la cima del fútbol mundial. En Valencia quedan dos de sus hijos y un nieto («me tiene loco», se apura a decir). Llega casi puntual a la entrevista y, tras saludar educadamente, tira de humor para excusarse: «Sólo me retrasé cinco minutos, no se enfaden». Cojea por una cadera que está pendiente de quirófano pese a que sale a correr a diario.
-Sea sincero, ¿disfrutó el sábado?
-Disfruté estando acá en Mestalla, me lo pasé bien por el ambiente. Hubo momentos de buen juego y otros peores, pero al menos se ganó, que es siempre lo más importante.
-Se ha hecho decenas de fotos con niños que nunca lo vieron jugar.
-Me conocerán por sus bisabuelos al menos. A veces me sorprende. En la Curva Nord son muy jóvenes y ni en vídeo me habrán visto jugar.
-¿Es difícil ver partidos atractivos hoy en día?
-Con algunos sí se puede ver espectáculo. Ves que tienen un orden, que saben claramente lo que pretende su entrenador. Hay otros técnicos que llegan nuevos y que sólo hacen dos o tres retoques porque tienen el equipo armado y los hay que les cuesta más porque se ha ido gente importante y eso se nota.
-¿En esa última escala se encuentra Djukic en el Valencia?
-Sí, aquí se fueron grandes jugadores como Tino Costa, Soldado y Albelda... Son gente de mucho peso, no sólo dentro de la cancha sino en el vestuario. Si a medida que avanza esto los resultados son positivos y la confianza de los jugadores crece, mejor para todos. Al fin y al cabo, un partido lo puede ganar un futbolista pero no todo el campeonato. Hay que formar el grupo.
-El problema para eso es que el tiempo vuela y hay urgencias.
-La gente a lo mejor sale desilusionada de un partido pero si al día siguiente mira la clasificación y figuras de la mitad para arriba con poca diferencia sobre los que están encima del todo se pasa el enojo.
-¿Sabe usted realmente a qué juega el Valencia?
-El sábado tuvo pasajes de juego de buen toque. Muy poquitos, eso sí, pero al no poder concretar en esos momentos los rivales empiezan a tocar y entonces llegan los propios nervios. La gente está todavía un poquito dolida por lo que pasó el día del Swansea. Todo eso hace que haya murmullos y silbidos.
-¿Usted, cuando vestía de corto, también experimentaba esos murmullos de cierta desaprobación?
-Acá siempre pasa lo mismo.
-¿Me está diciendo que el resto de aficiones no son tan exigentes?
-Bueno, eso pasa en muchos campos, pero en nuestros tiempos igual ganábamos goleando y no conseguíamos llenar Mestalla.
-¿Qué cree que espera, pues, el aficionado con esa actitud?
-Se puede interpretar de dos maneras. Puede que sirva para motivarte o que trate de... no sé cómo explicarlo, no de hundirte porque ningún valencianista quiere eso de su equipo, pero quizá esperando poco menos que un milagro.
-Siempre se dice que aquí se vive un ambiente especial con los jugadores.
-No. Normalmente el entusiasmo tiene que venir de abajo para arriba. El futbolista debe dar para conseguir el apoyo. El público viene al campo a ver a su equipo ganar, y si juega bien, mejor todavía.
-¿Perjudica también que la Liga española ya esté decidida con esa dualidad de favoritos?
-Siempre hay uno o dos que se meten en la pelea y no se sabe hasta cuándo van a durar. Este año a Madrid y Barça les ha salido un gallito bravo con el Atlético de Madrid, va a ser un duro competidor. Hay equipos que para subsistir tienen que vender lo mejor.
-¿Le falta al Valencia un ídolo al que acogerse porque carece en su plantilla de esa figura?
-Claro. El alma más visible de todo, y pese a no tratarse de un goleador, era Albelda, el capitán. Poco a poco, entre la edad que podía tener con su desgaste físico y otras circunstancias, fue jugando menos. Pero son futbolistas que con el tiempo te sirven para mucho, sobre todo en el vestuario. Hay que tener mucho tacto.
-¿No es fácil encontrar referentes en este grupo?
-A lo mejor hay chicos, como Fede Cartabia por ejemplo, que está empezando, que quizá no te dice una palabra para no faltar al respeto. En el vestuario del Valencia no veo a nadie que pueda pegar un grito y haga que reaccione el resto. Hace falta alguien así.
-El sábado el capitán era Banega, un argentino que lleva el '10' como usted y del que la afición sigue esperando que aparezca.
-Es lo que le decía anteriormente. Acá lo más importante es el grupo y dentro siempre hay alguno que resalta un poco más en la cancha. A lo mejor influye la personalidad de cada uno, porque puedes ser un fenómeno sobre el césped pero no tienes la capacidad para pegar un grito. Ahí es cuando se necesita ese que tiene más agallas y coraje para decirle algo al compañero, no como ofensa, sino buscando su reacción.
-¿Quién le gusta de este equipo?
-Fede es un pibe que recién empieza con mucha desvergüenza, es un encarador. El lateral izquierdo, Bernat, también me gustó mucho y veo que a Canales le falta en lo físico.
-¿Qué le parece lo de Diego Alves, resistir pese a estar lesionado?
-Fue su orgullo. No quiso salir... No me lo explico, pero anda bien debajo de los palos.
-En este arranque de Liga tan dubitativo del Valencia, la gente se ha quejado de la falta de coraje.
-Hay que tener personalidad porque cuando las cosas te van bien todo son aplausos y palmaditas en la espalda, pero en el momento en que se tuercen hay que tener la suficiente valentía para salir por esa puerta (señala la del vestuario) y aguantar. Así es el fútbol. Cuando mejor crees que andas puede venir un equipo cualquiera y te pinta la cara.
-Amadeo Salvo ha apostado fuerte por un proyecto de cantera. ¿Eso es fácil de decir y difícil de hacer?
-Si tiene gente capacitada para trabajarlo y el día de mañana hay paciencia para que entren en el primer equipo, pues fenomenal.
-Si yo le nombro a Manzanedo, Carrete, Botubot, Arias...
-Pues que fueron compañeros con los que pasamos muy buenos momentos, pero también lo pasamos bastante mal. No todo fue de color rosa, ¿eh? Fue una etapa más del Valencia que tuvimos la posibilidad de disfrutar y de vez en cuando levantar algún título, ser máximos goleadores... Pero no era el nuestro un equipo competitivo a nivel de Liga, sino más copero.
-¿Serviría aquel equipo para competir hoy en día?
-Cualquiera serviría. Había gente que si tenía que pegarte una patada en la cabeza te la daba... ¡En el buen sentido de la palabra, claro! Me refiero a lo de poner la pierna fuerte y cuando se podía jugar, se jugaba. Eso sí, había grupo.
-¿Se sienta en el sofá a repasar aquella época?
-No, aquello ya pasó. Sólo lo recuerdo cuando vengo acá y me lo dice la gente. Si vivimos del pasado sería triste, ¿no?
-¿Cuánto dinero valdría un Kempes en 2013?
-A lo mejor no serviría para nada en esta época, no lo sé. Me tocó un momento muy lindo y lo disfruté. Hice lo que tenía que hacer, tanto con el Valencia como con River, Rosario Central, la selección e incluso el Hércules.
-¿Se arrepintió alguna vez de no salir del Valencia?
-Después del Mundial sí hubo ofertas, pero si Ramos Costa me dejaba ir en ese momento prendían fuego a Mestalla y a él con el murciélago arriba. Si en algún momento me arrepentí sería cuando ya había dejado de jugar al fútbol.
-Quizá antes los presidentes actuaban sin tener que dar tantas explicaciones.
-¡Qué va! Sí debían darlas, sí. A los socios, por supuesto. En los días de partido esto se podía poner inaguantable, con los pañuelitos y con aquellos puros de entonces. Te decían de todo.
-¿Conoce el lío en que se encuentra el Valencia con sus acciones, los avales y los préstamos?
-Es muy parecido a lo que está pasando en otros clubes. Hay equipos que están a punto de desaparecer, otros están con los administradores concursales... Económicamente la crisis no sólo es de los equipos, es de España en general e incluso de la Unión Europea. Por eso las canteras son buenas, siempre y cuando lo que hagan esté en sintonía con lo que hace el primer equipo.
-¿Cree que hace falta más humildad en los futbolistas?
-No sé lo que se entiende por humildad. Nosotros éramos jugadores normales, algunos con algo más nombre que otros, ya fuera por ser goleador o por haber atajado diez penales...
-Se lo digo porque José Carlos Granero, hoy entrenador y entonces un joven del Mestalla, se acuerda aún de cuando usted lo trajo a Valencia en su coche.
-Eso no es ni ser agrandado ni tampoco humilde. Traje muchas veces a gente de Paterna para Valencia, ya que entonces Paterna quedaba muy lejos.
-¿Qué puede ofrecer usted al Valencia con este nuevo rol de embajador?

-La idea que tiene la gente es de expandir el nombre del club. Hay que crear escuelas en Estados Unidos y ahí entra mi participación. Si después, además, se puede conseguir patrocinadores, pues iremos donde haga falta.

http://valenciacf.lasprovincias.es/noticias/2013-10-01/vestuario-valencia-nadie-pueda-20131001.html

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